Friday, June 19, 2026

Colombianos a las urnas, entre el miedo y la locura

Una de las inesperadas consecuencias de estas elecciones en Colombia es que hemos tenido que comunicarnos con personas que hace mucho tiempo no aparecían en nuestras vidas. La temperatura de los comentarios en las redes sociales ha hecho que quienes no se interesaban por nosotros, repentinamente sientan la urgencia de decirnos cuán ignorantes somos, cuán equivocados estamos y qué maravillosos son ellos con su opinión política y su partido.

Ilustración del autor
Hoy nadie es indiferente a lo que sucede; todos tenemos algo en juego y por eso vivimos esto con tanta pasión. Hoy siento miedo de muchos de mis compatriotas. Temo que esa amenaza de ‘destripar a la izquierda’ tiene demasiados adeptos entre la derecha radicalizada de hoy.

Vivimos en un tiempo de insultos, improperios y amenazas entre colombianos. No es para menos, se trata de una decisión trascendente. Esta vez, más que en todas las anteriores, los votantes sentimos necesidad de convencer a otros. Mucha gente que no lo hacía hoy se atreve a opinar, a lanzar epítetos, a mostrar sus colores. Así descubrimos que hay muchos colores entre nosotros.

Opinar sobre estas elecciones se parece a lo que pasa después de tomarse media botella de aguardiente y dejar las inhibiciones. Además, a la típica pasión que sentimos los colombianos le tenemos que agregar la campaña de emberracamiento nacional emprendida por el abelardismo. Desde que el candidato Abelardo De la Espriella abrió la boca, el país se incendió. Hoy estamos en medio de ese incendio camino a la segunda vuelta.

En este clima, he venido teniendo una serie de diálogos con algunos de los interlocutores a través de las redes. Este artículo lo inspiró una breve conversación con una amiga con quien no nos cruzábamos palabra desde hacía años. Reapareció después de que yo publicara mi más reciente artículo.

La alegría que me causó saber de ella se desvaneció muy pronto, porque me escribía para anunciarme que votaría por el de la derecha a pesar de mi artículo. Le dije que todos los errores del presidente Gustavo Petro no ameritaban que ahora intentaran ellos imponerle a Colombia un gobierno de corte claramente fascista. Respondió que "entendía mi preocupación”, pero que votaría por él porque Colombia necesita ‘mano dura’.

Lo más extraño sucedió cuando le reclamé que su candidato había anunciado que destriparía a la izquierda. Me quedé frío cuando ella hizo una corrección al candidato: “Abelardo se pasó usando la palabra ‘destripar a la izquierda’, yo diría ‘exterminar’”. Incrédulo, le volví a preguntar y ella se reafirmó: ‘exterminar’ es un término más apropiado.

Le agradecí por haber tolerado la charla y me quedé pasmado ante lo que confirmé: una gran cantidad de votantes de Abelardo De la Espriella aprueban, ansían, esperan y desean el exterminio de la izquierda. Su voto parece un acto de venganza mal orientada.

En este Gran Diálogo Nacional que estamos viviendo los colombianos en esta elección, comprobamos que la fórmula funciona porque ya está inoculada por los acontecimientos del pasado y la permanente propaganda. Los estrategas del odio solo tienen que agitar al pequeño fascista que cada uno lleva dentro, y en eso ya son expertos. Llevamos al menos una década viviendo en medio de una operación psicológica masiva en la que le han venido abriendo una autopista a ese pequeño fascista internalizado. El candidato de la ultraderecha consiguió radicalizar a millones de colombianos que hoy se sienten como adalides en esta marcha hacia el fondo del abismo.

Escucho la voz de Hebert Castro en el la radio Transworld roja de la casa: “Eso me hace acordar… del pobre Prealoca…”. Preocupa notar que el hombre ya goza entre su gente de la misma inmunidad que poseen personajes como Uribe, Duterte o Trump. Algunos de quienes lo siguen ya se comportan como miembros de un culto político-religioso, lo cual hace temer a las consecuencias que eso pueda llegar a tener en la gente que piensa diferente a ellos.

Especialmente ahora que, queda claro, es evidente y visible que están dispuestos a ir hasta las últimas consecuencias para perseguir y eliminar a sus oponentes. Así nos lo dan a entender recientes acontecimientos como el arresto de Beto Coral, el cierre del canal de Jimena Duzán, el anuncio del número de vuelo en el que viajaba Daniel Coronell y otros detalles similares que nos dan a entender que la persecución ya comenzó.

Última oportunidad, colombianos, para evitar que nos llegue otra vez el fascismo a Colombia.

###

No comments:

Post a Comment