Monday, June 15, 2026

Quieren que votemos emberracados

A los colombianos nos están empujando al borde de un precipicio. Gente con ambiciones de poder está pagando mucho dinero a agencias publicitarias y a enjambres de bodegas digitales para que diseñen y divulguen los eslóganes y los memes que van a hacer que nos emberraquemos. Ese juego de emociones electorales con ofensas y agresiones nos está conduciendo a un punto de inflexión que no merecemos. Llevamos décadas trabajando para dejar de resolver nuestras diferencias a punta de tiros. Ahora quieren conducirnos de nuevo a esa clase de enemistades.

[Vea al autor leer el artículo en video en Facebook]

Desde aquí, desde el borde del abismo, vengo a hacer esa reflexión que espero que no llegue muy tarde. Quiero que entendamos que este voto es decisivo en el curso de nuestra historia. Nadie quiere vivir en un infierno, ¿verdad?

"La sirena" - Ilustración del autor
Siento que si la izquierda* gana, el país sigue por donde va. El país paraíso biodiverso es un mundo lleno de problemas, como todos los países, y su gente va buscando algunas soluciones con aciertos y desaciertos. Pero hay una marcha hacia adelante, hacia mejorar las cosas. Quizás haya nuevas dinámicas en el Congreso y en la política, pero en todo caso, la oposición nunca deberá temer por su seguridad o su libertad, porque la actitud de las fuerzas del Estado seguiría siendo la misma que en estos años recientes, respetuosa de la ley y los derechos.

En cambio, si ganara la derecha, siento que lo que a los colombianos nos espera es un período de guerra feroz y que entraremos a ella en medio de una profunda división, con mucho odio cultivado en estos meses de pasión azuzados por esa campaña. El candidato Abelardo De la Espriella lo ha dicho en las entrevistas y discursos. Quieren usar el gobierno para llevar a cabo una revolución conservadora y planean hacer uso de las armas del Estado para perseguir a sus opositores, a la izquierda, a la que ya califica de “enemigos”.

Pienso que votar por Iván Cepeda en esta ocasión, es un voto en defensa propia, porque aunque uno no promueva razones ideológicas, de todas maneras ya es un objetivo para ellos. Esta vez lo que está en juego no es solamente la seguridad de la gente en la calle, que ya bastantes problemas tenemos con eso. Esta vez se le suma la defensa de la vida y la libertad de quienes profesen ideas diferentes a las del caudillo. Sabiendo que De la Espriella es estudiante y fiel seguidor de la doctrina trumpista, podemos deducir que lo hará, que perseguirá la libertad de prensa crítica hasta acomodarla al mensaje del Estado; hará guerra jurídica contra las organizaciones que le incomodan al partido de gobierno; buscará limitar derechos adquiridos por las mujeres y las comunidades. Todo eso y más, al tiempo que lanzará una guerra interna contra numerosos grupos delincuenciales y remanentes de guerrillas. Ese será el marco usado para perseguir a fondo a su verdadero enemigo: sus opositores. De ahí que este voto por Cepeda se sienta como un acto en defensa propia para cualquier persona que no esté de acuerdo con el fascismo.

Por eso invito a quienes en primera vuelta votaron por otros candidatos, como Sergio Fajardo, por aquello de no votar por los extremos o porque no soportan a la izquierda, que recapaciten si su plan es abstenerse o votar en blanco. Esta no es una elección cualquiera. Aquí corren peligro las vidas de muchas familias colombianas que de un momento a otro se verán acosadas por el gobierno y sus aliados. En Colombia hay una larga, muy larga historia de persecuciones políticas y hasta se cometió un completo genocidio con contubernio del Estado. No podemos retroceder a esos aciagos años de la historia, como parece invitar con su retórica el candidato de la derecha.

Este odio y esta bronca que sentimos en estos días no son normales. Esto es provocado y está diseñado para ocasionar ese efecto, para que salgamos a votar furiosos como lo hicieron los de la campaña del “No” en el Plebiscito de 2016. Hay personas con dinero e intenciones que están haciendo uso de las tecnologías de mercadeo por las redes sociales, reforzadas por las declaraciones del candidato y su gente, para promover ese estado de zozobra y desolación que muchos perciben, para mantenernos asustados y con miedo unos de otros. Es una operación por el control de nuestra voluntad. El verdadero peligro viene disfrazado de tigre y banderines tricolores.

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Hay quienes siempre esperan que todo análisis incluya un mea culpa proporcional a la crítica que se está haciendo. Aquí tienen esta nota al pie.

Creo que incluir este texto en el cuerpo del artículo rozaría la hipocresía. Sin embargo, entiendo que la izquierda histórica colombiana debe hacer un acto de contrición colectiva y reconocer, con más sinceridad y con voz más fuerte, los tremendos errores que se cometieron en la guerra de guerrillas, como el secuestro, la extorsión y el narco. Se entiende que la izquierda se vio obligada a esa guerra al ser empujada por una oligarquía criolla que no podía ver más allá de sus narices. Tratar de prolongar y sostener la guerra con esa clase de recursos generó ese resentimiento que aún perdura en muchas personas.

Hay que resaltar que la mayor parte de la izquierda de hoy no es responsable de los actos de ese entonces. La mayoría de los militantes o simpatizantes de hoy nunca estuvieron cerca de la guerrilla. Esos jóvenes ni siquiera estaban vivos en esos tiempos.

Ahora que la izquierda ha encontrado que puede gobernar, que puede sumar votos, que puede proponer ideas, debe aprovechar el momento para reafirmar su compromiso con la democracia, con la responsabilidad del poder, con el uso adecuado de los recursos del Estado.

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Tuesday, June 2, 2026

Colombia: La encrucijada de los ilusionados

Confiada en el espejismo de las encuestas, este 31 de mayo la izquierda colombiana creyó tener el triunfo de Iván Cepeda garantizado. Por su parte, la gente que votó por Abelardo, convencida de que su gobierno le traerá seguridad, parece no darse cuenta de que así le está entregando el país a quienes quieren dominar al mundo desde Washington y a América Latina desde Miami.

(El autor lee el artículo en video en este El Opinón)

Muchos abelardistas se ofenden cuando se les acusa de votar por el fascismo. Los entiendo; me lo han dicho: ellos no votan por el fascismo: votan por la seguridad. Esa es la gran obsesión nacional que domina frente a todas las demás injusticias. En este país bendito, todos, sin excepción, hemos sido víctimas o testigos de la violencia por un celular, por herencia o por compromiso. Conocemos el peligro de cerca. Por eso, cuando alguien promete arrancar el problema de raíz, la gente se inclina sin dudarlo. Por miedo a la violencia, votan por el señor que ofrece hacer uso de la violencia para imponer el orden. A ese fascismo implícito en una fórmula tan sencilla es al que se refiere la izquierda y prácticamente la mitad de los colombianos cuando advierten que Abelardo es el candidato más peligroso que ha visto el país desde 2002.

La izquierda estaba ilusionada. Iván Cepeda siempre lideró en todas las encuestas, siempre alrededor del 40%. Ese fue un espejismo. Durante esta primera vuelta electoral, las encuestas técnicamente no mintieron; sin embargo, todo el mundo estaba convencido de que la izquierda iba ganando cuando, sumadas, las intenciones de voto de la derecha siempre superaron el 50%. Cepeda solo conseguía más puntos que sus oponentes individuales, pero los votantes de dos de ellos se sumaron cuando encontraron en Abelardo de la Espriella un discurso más consecuente con sus verdaderas intenciones. La aritmética de las urnas era la realidad.

Hubo una migración veloz, un torrente de votantes que abandonaron a Paloma Valencia y se mudaron del uribismo tradicional al uribismo radical de Abelardo, que atiende mejor su obsesión histórica: la inseguridad. Por este factor, la izquierda ha sido demonizada —un poco por sus propias acciones y otro poco por la propaganda—. A la izquierda le ha costado décadas construir una mejor reputación respecto a ser respetuosa de la Constitución y las instituciones. Ese trabajo aún no ha terminado.

El problema de la inseguridad se vive en tiempo "ahora" y hoy el comando de la seguridad lo tiene el Pacto Histórico. Debido a la inmediatez del problema, es obvio que muchos votantes asustados se inclinaron hacia un candidato que les promete resolver los problemas de un santiamén y con mano dura.

Ese candidato llegó montado en los símbolos patrios, dice ser un outsider, ostenta su plata, es atrevido y promete usar al ejército para imponer ese orden beatífico, obvio que el colombiano promedio lo va a considerar. La chabacanería y el espectáculo han logrado catalizar el voto de una derecha que ahora se siente reivindicada y no se ve obligada a negociar, sino que está en posición de exigir.

Álvaro Uribe se había dedicado a lucir "de centro" para salvar su pellejo para la historia. La empalidecida Paloma Valencia junto a Juan Daniel Oviedo provocó que millones de votos volaran a la casa vecina. Quiso pintar de “centro” a Paloma sin que dejara de ser la uribista rabiosa de siempre, pero el discurso duro lo traía el otro y ese era el que querían oír.

No creo que Abelardo fuera el Plan B de Uribe; Abelardo era el Plan A de Trump. La prueba está visible en las declaraciones del presidente estadounidense ofreciendo todo su apoyo a De la Espriella y manifestando sentirse orgulloso de ello. Si a alguien le quedaba una duda, esta ha sido completamente despejada.

Hoy prima un nuevo adagio político: ‘Uribe is a liability now’. Uribe ahora es un riesgo. Su pátina de invencible quedó comprometida en el caso contra Iván Cepeda. Además, al intentar suavizar su imagen para sobrevivir, Uribe demostró que ya no cuenta con la capacidad mental y política para crear un engendro tan parecido a sí mismo en su versión de 2002. Sus estrategas creyeron que se ganarían al centro suavizando el discurso. La gente de Abelardo olió sangre y, como buen predador, fue tras ella.

Entendieron que la gente esperaba mano dura, no las medias tintas de Paloma y Uribe. Aprovecharon al más radical de los partidos, de nombre ‘sagrado’, “Salvación Nacional”, regentado por oficiales retirados, para decir lo que la gente quería escuchar: “Vamos a militarizar el país y a acabar con la izquierda que nos quiere volver como Venezuela”. Y fueron a votar por él en masa, con el jingle en los labios, felices de que alguien prometiera imponer el orden a toda costa.

Abelardo de la Espriella es un producto político diseñado con la ciencia del mercadeo del siglo XXI. Un grupo de políticos y tecnócratas millonarios ha atrapado la imaginación de los colombianos como antes atraparon el sueño americano para convertirlo en mercado. Con herramientas de propaganda aprendidas de los soviéticos, las campañas de nuestra era están dominadas por una tecnología de manipulación de masas que no existía hace algunas décadas. Además, nos retroalimentamos en las redes.

Hoy las agencias publicitarias y de mercadeo saben que es posible construir un candidato en meses. Este candidato no existía, no tenía partido, pero tiene dinero propio, conoce a gente poderosa, habla el lenguaje tiránico de MAGA y promete ‘mano dura’ en un país donde la mano dura ha sido permanente. La fórmula estaba completa; solo hacía falta dinero, y eso es lo más fácil de conseguir cuando los amigos poderosos tienen intereses en la presa. En seis meses montaron a este Uribe modelo 2002 revivido en el cuerpo de un Bukele con acento costeño.

La derecha también vive ilusionada por el espejismo de la seguridad. El miedo al peligro siempre inminente hace que la gente desee e imagine cosas que en otras circunstancias habría considerado aborrecibles. Parece increíble que todavía reaccionen a los demonios de siempre: Venezuela, comunismo, Chávez. Al escuchar la voz firme de su candidato, sienten que van a acabar, por fin, con esa gentuza, 'los enemigos de la patria', y que no los dejarán regresar al poder. Esa es su ilusión y, al mismo tiempo, su gran desacierto: creer que se puede salvar a una nación extirpando la mitad de ella.

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Friday, May 29, 2026

La corrupción como bandera

¿Cómo llegamos a este punto? ¿Por qué millones de personas abandonaron —en cuestión de unos pocos años y unas cuantas elecciones— los principios que atesoraban y defendían con pasión?

Foto del autor
Hemos sido sujetos a una prolongada y agresiva campaña de ingeniería social, una operación psicológica masiva (psy-op) desplegada a través de diversos medios: en la política, en las redes sociales, en los medios de comunicación, en la cultura, con el fin de hacernos más dóciles, confundirnos, separarnos y convertirnos en enemigos unos de otros. Nuestras divisiones actuales son muy reales, pero han sido amplificadas por el poder de las redes sociales y el uso de la propaganda política. Mientras tanto, los ricos y poderosos acumulan más poder y riqueza que arrebatan a los demás.

MAGA (las siglas del movimiento político creado por Donald Trump) hoy domina al partido republicano. Su insidiosa ideología y práctica políticas se han expandido por todo el mundo gracias a los millones de dólares de la corrupción internacional y al apoyo de los tecnócratas ultramillonarios.

La corrupción no tiene ideología. Corruptos puede haber en la izquierda, en la derecha, en las iglesias, en las escuelas, en las familias, en todo el mundo. Sin embargo, hoy existe un movimiento político global que ha convertido la corrupción en su bandera y el resultado no puede ser más preocupante.

Las elecciones primarias en Texas acaban de dar la señal más clara de ello cuando los republicanos nominaron al Senado, con el 67% de los votos, a un hombre que ha enfrentado acusaciones de fraude bursátil, soborno y abuso de autoridad, juicio político y un divorcio con acusaciones de adulterio. El apoyo de Donald Trump catapultó a Ken Paxton a obtener un triunfo que no habría conseguido si no fuera la clase de persona que es: corrupto y MAGA hasta los tuétanos. Hoy en Colombia el candidato Abelardo De la Espriella representa a esa clase política. Él es uno de esos políticos que dicen venir de afuera del establecimiento, pero en realidad están íntimamente comprometidos con la parte más corrupta de ese establecimiento.

Han creado una nueva clase de políticos que esgrimen esos actos con orgullo, convirtiéndolos en una de sus herramientas de propaganda más efectivas. Para quienes los observan desde la oposición, sus actos representan lo más sucio de la política, el uso de las herramientas del Estado y de la justicia para enriquecerse y acumular poder. Quienes los siguen los consideran señales de que son víctimas de supuesta persecución política. Entretanto, ellos se enriquecen a niveles astronómicos protegidos por esa pátina de dólares que los rodea y que los protege de la justicia.

En estos años la tribu MAGA ha sido convencida de que las instituciones democráticas son el villano de la historia. Rechazan la separación de poderes, los chequeos y balances del poder, un sistema judicial independiente, una prensa libre y honesta, los derechos civiles, la asistencia social, cualquier cosa que beneficie a los necesitados. En Argentina, Estados Unidos o Colombia, la consigna es la lealtad y el mal llamado ‘patriotismo’, a los que consideran más importantes que la competencia de las ideas. Antes, los conservadores eran acérrimos defensores de la ley y el orden. Hoy están convencidos de que la ley está para ser violada por sus líderes cuando les conviene, o para ser usada en contra de sus opositores cuando se acercan demasiado al poder. Cuando uno de sus políticos es denunciado por actos de corrupción, la derecha dice que se trata de 'persecución política' y aplaude. Cuando el corrupto pertenece al otro bando, ahí la derecha prefiere una justicia que ojalá los persiga y aniquile. Para ellos, el acto de votar es un acto de defensa de la identidad y no una elección de mejores políticas para la sociedad. Los militantes MAGA han sido transformados en repetidores de consignas que no solucionan problemas, convencidos de que lo único que importa es el líder.


No hace mucho era común escuchar a los conservadores hablar de responsabilidad fiscal, de recortar la deuda, de recortar el gasto público. Hoy esos principios están fuera del debate. Mientras más corruptos y más demandas en su contra tengan, más crecen sus candidatos. Mientras más virulento, agresivo y feroz es su discurso en contra de los pobres, las mujeres, los trans o los musulmanes, más los aplauden, más les perdonan, más los admiran. Votan por ellos sin necesidad de taparse la nariz porque huelen a lo que les gusta: dólares mal habidos.


De la Espriella, el Trump colombiano

En Estados Unidos este fenómeno se hizo visible en 2016 cuando los votantes republicanos prefirieron a un hombre que abierta y descaradamente les dijo que toqueteaba y abusaba de mujeres con la excusa de que tenía poder y dinero. Ese hombre hoy tiene mucho más poder y muchísimo más dinero, y no se ha detenido en su permanente abuso — algo que podemos testificar por el trato que ha dado a E. Jean Carroll o a cualquier mujer periodista que se atreva a hacerle una pregunta incómoda.

Donald Trump escribió el manual y Abelardo De la Espriella lo está siguiendo al pie de la letra en Colombia porque ya les funcionó. La táctica es brutal: un candidato decididamente machista, grosero, que lanza amenazas de violencia explícita, ataca a las periodistas, realiza el saludo militar después de haber eludido el servicio militar, cosecha escándalos propios y los de sus compinches, y se ufana de toda la corrupción posible porque sabe que sus votantes lo admiran por ello. En vez de horrorizarse por su evidente falta de ética y moral, sus seguidores lo aplauden, lo incitan y gritan en mayúsculas por las redes su devoción casi como una amenaza de violencia. Están convencidos de que su candidato va a ganar, no porque traiga buenas ideas o proponga soluciones a los problemas, sino porque creen que él puede derrotar a Gustavo Petro en el cuerpo de Iván Cepeda.

Como Trump, como Paxton, como De la Espriella, en la nueva política de la posverdad los problemas de corrupción y las violaciones de la ley son medallas que los políticos de la derecha hoy esgrimen con orgullo como señales de supuesta resistencia, de su posición anti-establishment, de su crueldad. Sus votantes se sienten identificados con esas actitudes de rudeza, convencidos de que están actuando en su nombre y en contra de aquellos a quienes ellos odian.

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Sunday, October 12, 2025

De aves y viajeros

Cuento

"Jelín", ilustración del autor

I

Dicen que al costado del ferrocarril de Mao se sembraban los mejores cultivos para que él viera lo grande que era la China bajo su gobierno. Hacia allí acudían las aves a alimentarse. El resto de la tierra permanecía desolada. El Chairman los vio por su turística ventana y señaló con sus sucios dedos. Preguntó a sus asistentes, quienes lo mantenían encerrado en cifras mentirosas para sostener la narrativa y evitar su propia muerte. “Gorriones”, respondió uno de los delegados. Completando el gesto que había iniciado con la mano, Mao replicó: “Mátenlos a todos. Se están comiendo la comida del pueblo”. Nadie se atrevió a advertirle de las funestas consecuencias de tal plan. Mientras el pueblo aprovechó para saciar su hambre con aves y gorriones por orden del Líder, al cabo de un año la hambruna empeoró. La ausencia de aves contribuyó a la destrucción de plantíos y más desabastecimiento. Todo lo que China producía se exportaba para financiar su industrialización. El pueblo, entretanto, moría entre los pogroms y el hambre.

Una década después se importaron 250.000 gorriones de Corea para repoblar. China, entretanto, seguía siendo rural.


II

Biólogos han advertido acerca de las consecuencias que está teniendo en la salud de los colibríes el cariño de sus admiradores. Encantados por sus colores, los entusiastas jardineros disponen bebederos con agua azucarada para atraerlos. Fascinados por el dulce néctar, los colibríes mueren de diabetes.


III

El granjero levanta la vista al cielo y ve con terror las aves migratorias que viajan escapando del frío del norte. A su lado descansa su escopeta. Al verlos cruzar, la pone sobre sus piernas y mira al corral donde sus pavos engordan a la espera del sacrificio del Día de Acción de Gracias. “Si uno de esos pájaros se atreve a bajar”, dice rozando el gatillo de su calibre 12, “aquí estoy esperando”, susurró. “No permitiré que me traigas tu maldito virus aviar y que acabes con mi granja”.

Toda la mañana vio bandadas de aves migratorias en su paso hacia el sur. Ese día ninguna se detuvo en su granja.


IV

A pesar del temor constante a las redadas, la familia se levantó temprano esa mañana para alcanzar a llegar a tiempo a la escuela y al trabajo. Los niños todavía tenían el cabello mojado por la ducha cuando, en el último semáforo antes de la escuela elemental, los rodearon varios vehículos sin marcas. Como en las películas de acción, hombres armados y con diversas clases de uniformes de bajaron de los vehículos y comenzaron a golpear las ventanillas y a exigir a gritos que el papá se bajara del vehículo. Los gritos sonaban opacados por las máscaras que cubrían sus rostros. El padre cerró las ventanas y las puertas pero no pudo escapar. Uno de los enmascarados rompió el cristal con un bastón y forzó la puerta. Cuatro de ellos arrancaron al padre del volante y lo tiraron al suelo mientras la mamá grababa un inútil video. Los cuatro gigantes consiguieron reducirlo y le pusieron zip-ties en torno a sus muñecas. Arrastrándolo, lo subieron a una de las camionetas y se fueron como demonios perseguidos.

El último de ellos miró a la madre a los ojos a través de la rendija de su máscara de esquiador y le dijo: “Mejor, váyase. Después venimos por usted”.

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Sunday, January 26, 2025

Inmigrar no es un delito, humillar no es una virtud


Los seguidores colombianos y latinos del nuevo presidente estadounidense se sienten orgullosos después de ver que bajo las sombras de la noche se deportó en aviones militares a centenares de personas, supuestamente criminales, y pretendieron forzar a los países a recibirlos a las buenas o a las malas. Hasta que Colombia rechistó y fue sancionada de inmediato, como si hubiese cometido un crimen. Su crimen fue haber exigido respeto para las personas que estaban siendo deportadas y para las naciones que las deben recibir.

Ilustración del autor

La estúpida lógica de la fuerza en la que creen los seguidores del movimiento MAGA es siempre la misma. Desde el líder de ese movimiento hasta el último de sus militantes están convencidos de que, porque tienen el poder en sus manos, deben usarlo a la fuerza e imponer su parecer sobre todos los demás, sin consideración alguna y mucho menos conmiseración. Porque asuntos como la dignidad, los derechos humanos, la compasión, la solidaridad, ahora son considerados pecados socialistas según la nueva Biblia que les vendieron a $65, con tapas de cuerina y una herejía incluida. Enesa Biblia el amor es woke y gay. El odio, en cambio, es bien macho. Así lo creen y lo manifiestan sus seguidores.

Por eso no me sorprende –aunque sí me enoja—ver la reacción de tantos colombianos y latinoamericanos frente a la afrenta de Estados Unidos. Aplauden al gobierno que quiere imponer su voluntad a la fuerza sobre todos los demás y esperan que la gente no reaccione, que todos miremos para otro lado y permitamos que sucedan estos horrores sin rechistar. Quieren convencernos de que todos los criminales son inmigrantes y que todos los inmigrantes somos sospechosos.

Quienes así piensan, también saben llenarse la boca de argumentos contra las personas que están siendo agredidas por esta Administración. Saben hablar muy mal de las personas trans, de las personas LGTBI, de las mujeres que necesitan abortar, de los inmigrantes, de los palestinos, de todos aquellos a quienes apunta el odio proveniente de las máquinas de disparar propaganda.

Hemos aprendido a leer, pero muchos han olvidado cómo entender lo que leen. Estamos tan concentrados en nuestras pantallas y en todo lo que nos muestran, que nos falta tiempo para detenernos a pensar si eso que vimos, si eso que nos dijeron, si eso que leímos es cierto y qué consecuencias puede tener. En medio de este berenjenal informativo, personajes como Elon Musk han invertido miles de millones de dólares en construir esas máquinas que han aprendido lo suficiente de cada uno de nosotros como para saber qué clase de semilla de odio prosperará en cada corazón. La operación psicológica ejecutada durante los últimos diez años ha sido muy efectiva en transformar el parecer de muchas personas y las convirtió en individuos dispuestos a aprobar su autodestrucción.

¿Cambio climático? Woke. ¿Derechos civiles? Woke. ¿Constitución? Woke. ¿Chequeos y balances? ¡Woke! ¡Todo lo bueno es woke! Ser liberal es –para ellos—despreciable. Amar al prójimo, buscar hacerle el bien, atender al necesitado: woke. ¿Ayudar a una mujer que necesita abortar? En Texas no solo es woke, sino que además es un delito.

Todos esos hispanos que hoy aplauden la expulsión de sus hermanos hispanos se creen seguros, están convencidos de que “ya fueron admitidos en la sociedad americana”. No se han dado cuenta de una realidad mucho más grande y que pronto les quitará el piso. Quienes promueven estas deportaciones masivas son racistas supremacistas que buscan reducir la población no blanca de los Estados Unidos para mantener su mayoría blanca. Así nos lo han dejado saber, pero muchas personas no han recibido ese mensaje.

Yo entiendo que los republicanos ganaron las elecciones. Sin embargo, aunque ganaron, con ello no adquirieron sabiduría. La fuerza bruta sigue siendo bruta. Humillar a las personas es meramente una demostración de fuerza, y deshonra más a quien comete la humillación.

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Monday, May 27, 2024

MAGA La masificación de la ignorancia y el odio

En MAGA se disuelve el orgulloso individuo americano y se convierte masa.

El movimiento que impulsa a Donald Trump a la presidencia por segunda vez es conocido como MAGA por las siglas del eslogan “Make America Great Again” que propuso su candidato. Toda su ideología es de ultraderecha y nacionalista-cristiana.

"Reflexiones", Fotografía del autor


MAGA ha sido construido haciendo uso de las herramientas de manipulación de masas que durante el siglo XX fueron usadas por los regímenes socialistas, solo que esta vez promueven la masificación desde la orilla de la extrema derecha.

Hoy los militantes MAGA se identifican con sus gorras, sus banderas, su mercancía. Se los encuentra en todos los lugares haciendo propaganda con sus prendas y su actitud beligerante, en las playas, en los centros comerciales, en las calles, en los parques. Así se hacen difusos, anónimos, pierden su identidad personal y se convierten en caricaturas de si mismos, en juguetes de sus líderes, en un arma política nociva, en grupos que ejercen presión sobre el resto de la sociedad. Esto les encanta, por supuesto, porque esto les da impunidad y les ofrece el poder aparente de los números para ser más agresivos y rudos. Poder que perderán instantáneamente si su candidato gana las elecciones.

Para los masa-MAGA es muy fácil identificarse con los símbolos que usan: un nombre que suena como un martillo, unos colores que ya amaban porque son los de la bandera nacional, una identidad política que no comprenden en todas sus consecuencias pero que les da permiso para decir lo que se les da la gana, especialmente si con ello hieren al oponente liberal. Los militantes de ese movimiento pierden por completo su voluntad y su agencia personal. Por eso no les incomoda que la estética chabacana de las prendas que usan los haga lucir ridículos; eso es parte del atractivo, pues creen que con ello se burlan una vez más de sus oponentes. Como su líder es un bufón cruel, asumen esa misma identidad de bufón en masa que exhiben con sus prendas y sus quejas.

Hay dos ironías en este fenómeno que contrastan de manera especial. Una, es el hecho de que MAGA crece dentro del partido republicano que desde siempre ha promovido el individualismo y el egoísmo como valores fundamentales del self-made-man americano. Esto es lo que supuestamente los motiva a integrarse al movimiento. Sin embargo, no dudan un segundo en uniformarse con sus hermanos de odio y vestir la gorra roja con cuatro letras y esgrimir las banderas que los disuelven entre la sopa que conforma la masa. Actúan como actuaron hace un siglo los italianos y los alemanes para crear dos movimientos colectivistas de ultraderecha muy similares, el fascismo y el nazismo. Los MAGA nacieron al interior del partido que decía oponerse al colectivismo soviético, y acabaron convertidos en sus mejores émulos.

Las redes sociales son excelentes para compartir conocimiento, pero son más efectivas para ofuscar la mente de las masas y masificar la ignorancia. Por eso las redes sociales –en especial ex Twitter—son el repositorio interminable de mentiras, hechos alternativos, engaños, proyecciones y toda clase de elementos que contribuyan a la confusión de las mayorías y la eventual destrucción de la democracia liberal.

El peligro que esto representa es global y sucede en casi todos los países. Los promotores del autoritarismo encontraron que es mucho más fácil usar las tecnologías modernas para provocar movimientos en masa que alteren el curso de los acontecimientos. Eso es exactamente MAGA, un movimiento autoritario antidemocrático.

Si los MAGA y sus similares llegan a triunfar en Estados Unidos y siguen ganando espacios en Europa y América Latina, intentarán transformar las instituciones de la democracia para perpetuar a sus líderes en el poder y con ellos construir una nueva sociedad basada en el nacionalismo cristiano, la segregación de razas y de clases sociales y la represión sexual.

Una ironía final a modo de conclusión: solamente el voto masivo de millones de americanos a favor de la democracia y en rechazo a esta locura de colectivización del odio, podrá vencerlos. Necesitamos el voto masivo de individuos conscientes.

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