Monday, June 15, 2026

Quieren que votemos emberracados

A los colombianos nos están empujando al borde de un precipicio. Gente con ambiciones de poder está pagando mucho dinero a agencias publicitarias y a enjambres de bodegas digitales para que diseñen y divulguen los eslóganes y los memes que van a hacer que nos emberraquemos. Ese juego de emociones electorales con ofensas y agresiones nos está conduciendo a un punto de inflexión que no merecemos. Llevamos décadas trabajando para dejar de resolver nuestras diferencias a punta de tiros. Ahora quieren conducirnos de nuevo a esa clase de enemistades.

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Desde aquí, desde el borde del abismo, vengo a hacer esa reflexión que espero que no llegue muy tarde. Quiero que entendamos que este voto es decisivo en el curso de nuestra historia. Nadie quiere vivir en un infierno, ¿verdad?

"La sirena" - Ilustración del autor
Siento que si la izquierda* gana, el país sigue por donde va. El país paraíso biodiverso es un mundo lleno de problemas, como todos los países, y su gente va buscando algunas soluciones con aciertos y desaciertos. Pero hay una marcha hacia adelante, hacia mejorar las cosas. Quizás haya nuevas dinámicas en el Congreso y en la política, pero en todo caso, la oposición nunca deberá temer por su seguridad o su libertad, porque la actitud de las fuerzas del Estado seguiría siendo la misma que en estos años recientes, respetuosa de la ley y los derechos.

En cambio, si ganara la derecha, siento que lo que a los colombianos nos espera es un período de guerra feroz y que entraremos a ella en medio de una profunda división, con mucho odio cultivado en estos meses de pasión azuzados por esa campaña. El candidato Abelardo De la Espriella lo ha dicho en las entrevistas y discursos. Quieren usar el gobierno para llevar a cabo una revolución conservadora y planean hacer uso de las armas del Estado para perseguir a sus opositores, a la izquierda, a la que ya califica de “enemigos”.

Pienso que votar por Iván Cepeda en esta ocasión, es un voto en defensa propia, porque aunque uno no promueva razones ideológicas, de todas maneras ya es un objetivo para ellos. Esta vez lo que está en juego no es solamente la seguridad de la gente en la calle, que ya bastantes problemas tenemos con eso. Esta vez se le suma la defensa de la vida y la libertad de quienes profesen ideas diferentes a las del caudillo. Sabiendo que De la Espriella es estudiante y fiel seguidor de la doctrina trumpista, podemos deducir que lo hará, que perseguirá la libertad de prensa crítica hasta acomodarla al mensaje del Estado; hará guerra jurídica contra las organizaciones que le incomodan al partido de gobierno; buscará limitar derechos adquiridos por las mujeres y las comunidades. Todo eso y más, al tiempo que lanzará una guerra interna contra numerosos grupos delincuenciales y remanentes de guerrillas. Ese será el marco usado para perseguir a fondo a su verdadero enemigo: sus opositores. De ahí que este voto por Cepeda se sienta como un acto en defensa propia para cualquier persona que no esté de acuerdo con el fascismo.

Por eso invito a quienes en primera vuelta votaron por otros candidatos, como Sergio Fajardo, por aquello de no votar por los extremos o porque no soportan a la izquierda, que recapaciten si su plan es abstenerse o votar en blanco. Esta no es una elección cualquiera. Aquí corren peligro las vidas de muchas familias colombianas que de un momento a otro se verán acosadas por el gobierno y sus aliados. En Colombia hay una larga, muy larga historia de persecuciones políticas y hasta se cometió un completo genocidio con contubernio del Estado. No podemos retroceder a esos aciagos años de la historia, como parece invitar con su retórica el candidato de la derecha.

Este odio y esta bronca que sentimos en estos días no son normales. Esto es provocado y está diseñado para ocasionar ese efecto, para que salgamos a votar furiosos como lo hicieron los de la campaña del “No” en el Plebiscito de 2016. Hay personas con dinero e intenciones que están haciendo uso de las tecnologías de mercadeo por las redes sociales, reforzadas por las declaraciones del candidato y su gente, para promover ese estado de zozobra y desolación que muchos perciben, para mantenernos asustados y con miedo unos de otros. Es una operación por el control de nuestra voluntad. El verdadero peligro viene disfrazado de tigre y banderines tricolores.

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Hay quienes siempre esperan que todo análisis incluya un mea culpa proporcional a la crítica que se está haciendo. Aquí tienen esta nota al pie.

Creo que incluir este texto en el cuerpo del artículo rozaría la hipocresía. Sin embargo, entiendo que la izquierda histórica colombiana debe hacer un acto de contrición colectiva y reconocer, con más sinceridad y con voz más fuerte, los tremendos errores que se cometieron en la guerra de guerrillas, como el secuestro, la extorsión y el narco. Se entiende que la izquierda se vio obligada a esa guerra al ser empujada por una oligarquía criolla que no podía ver más allá de sus narices. Tratar de prolongar y sostener la guerra con esa clase de recursos generó ese resentimiento que aún perdura en muchas personas.

Hay que resaltar que la mayor parte de la izquierda de hoy no es responsable de los actos de ese entonces. La mayoría de los militantes o simpatizantes de hoy nunca estuvieron cerca de la guerrilla. Esos jóvenes ni siquiera estaban vivos en esos tiempos.

Ahora que la izquierda ha encontrado que puede gobernar, que puede sumar votos, que puede proponer ideas, debe aprovechar el momento para reafirmar su compromiso con la democracia, con la responsabilidad del poder, con el uso adecuado de los recursos del Estado.

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