Wednesday, March 8, 2017

Un manifiesto escrito el Día de las mujeres

Neutral. Como periodista me piden que sea neutral, que no me inmiscuya en las batallas, que no me meta *, que deje que las cosas sigan su curso y yo simplemente ‘reporte’. Que no opine, que mantenga en silencio mi forma de ver las cosas y tan solo describa los hechos como son, sin interferencias propias, con plena objetividad.

No, no se puede ser neutral frente a ciertas cosas en el mundo. Hay asuntos que requieren de adjetivos, de ciertos tonos de voz, de descripciones que vayan un poco más allá, que le otorguen al relato un nivel más de profundidad, algo que humanice la acción, que la acerque al oyente/lector. Me declaro impedido –por principio, aunque no imposibilitado—de indiferencia: no puedo pasar describiendo los sucesos del mundo sin sentir que formo parte de él.

En las crónicas es valioso el aporte del observador. El narrador incluye descripciones más detalladas de los acontecimientos y de los actores que los viven. La crónica puede establecer un contacto íntimo con la audiencia, con ella se puede entrar a mundos diversos, ajenos, difíciles de entender de otra manera. Pero el cronista se revela, se deja ver, no huye del relato, no se declara ajeno: participa.

En la opinión, en cambio, en El Opinón, aunque intente ser objetivo en sus análisis y aunque eche mano de todas las herramientas narrativas a su disposición, el escritor es un actor de la historia, se muestra con su personalidad y se deja ver sin cortapisas, sin tapujos, sin ocultamientos. El lector en ese caso no espera neutralidad, no espera indiferencia: lo que espera es pasión, integración, compenetración o rechazo de lo que el autor manifiesta. En este caso la audiencia busca identificarse por similitud o por oposición, pero no quiere que El Opinón permanezca ajeno a los hechos o a lo que el lector espera.

*¿Ha visto usted fotografías de la hambruna en Biafra? Cuando se piensa en ‘niños hambrientos’ y se recuerda alguna de aquellas imágenes de absoluta tristeza e indignidad, la mayoría de las personas hoy vivas tienen en su memoria una de esas fotografías de aquella horrible hambruna ocurrida en esa provincia nigeriana. Aunque Sudán del Sur se acerca peligrosamente hoy a replicarnos esa situación y el mundo, en cambio, sigue obsesionado con el peligro que representan el presidente Trump y el zar Putin. Lo que quiero resaltar es que esas fotos son trascendentales y no habrían sido posibles ni habrían cambiado el mundo si los reporteros gráficos que la documentaron se hubiesen dejado arrastrar por la desesperación y la angustia que les ocasionaba ver tanto dolor. Su trabajo era reportar, mostrar, dejar que el mundo supiera y nunca olvidara. Neutral, absolutamente neutral, esa también es una actitud y un valor supremo del periodismo que respeto en toda su dimensión. Cuando me toca, lo hago así, pero aquí no: aquí yo estoy expuesto a fondo.

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Monday, February 20, 2017

Trump, Putin y la Nueva Cruzada: Manual para entender a Donald Trump III

En esta entrega tratamos de demostrar el vínculo ideológico que ha convertido a Donald Trump y Vladimir Putin en aliados.
Flynn, en el centro a la izquierda sentado al lado del presidente ruso Vladimir Putin at en un evento el año p[asado para celebrar el 10o aniversario de RT, la cadena de noticias y propaganda del Kremlin. (Michael Klimentyev/Sputnik via Associated Press)

En pleno día de San Valentino, en Pennsylvania Avenue, en vez de la celebración romántica y cursi tradicional, se sufrió la partida de un gran amor: renunció el ex general Michael Flynn, uno de los ideólogos del presidente Trump. En un día diseñado para la dulzura del chocolate y el aroma de las rosas, en el corazón de Washington DC se saborearon amarguras.

La pesada nube rusa que pende sobre la Administración de Donald Trump luce oscura y la Casa Blanca hace esfuerzos denodados por hacerla desaparecer. La renuncia del asesor de seguridad nacional marca el primer punto de inflexión para la Administración Trump.

Antes y durante la elección presidencial, la presencia del ex general Michael Flynn era una extraña figura que acompañaba al Candidato y le daba un cierto toque de exotismo, con sus relaciones con Ucrania y Rusia y con esa fama de consumir y admitir las más extrañas conspiraciones. Ex empleado del régimen de Rusia a través de la cadena de propaganda y noticias RT, Flynn llegó con aroma a vodka a la Casa Blanca.

Una vez confirmado el triunfo de Trump, el anuncio de que Flynn sería el consejero de seguridad nacional –uno de los cargos estratégicos más importantes del gobierno en EEUU-, la historia comenzó a volverse surreal. ¿De veras Donald Trump iba a poner a ese personaje a susurrarle tan cerca del oído, tanto que sus palabras serían capaces de opacar las demás?

No solo era cierto sino que iría todavía más allá: durante semanas, el único reporte de inteligencia que recibió el Presidente electo fue el de Michael Flynn. Es decir, él fue el encargado de ofrecer al futuro presidente la información que usaría para determinar quiénes serían sus colaboradores y cuáles serían sus propiedades en materia de seguridad nacional y relaciones internacionales: de ese tamaño era su responsabilidad.

En otras palabras: Flynn ayudó a determinar cuál sería la dirección que tomaría el gobierno de Donald Trump. Todas las decisiones tomadas en esos días cruciales estuvieron marcadas por los consejos y asesorías del ex general.

¿Por qué el ex general y sus secuaces buscan acercarse a Rusia, el enemigo tradicional de EEUU durante el siglo XX en detrimento de sus aliados europeos? En El Opinón creemos que Trump y Putin creen que juntos pueden enfrentar lo que ellos consideran la guerra que define nuestro presente y marcará nuestro futuro: la Nueva Cruzada, un enfrentamiento total con el mundo del Islam.

Flynn no era el único anti-islamista en la Administración. También lo es Steve Bannon, el más cercano consejero del Presidente, la Eminencia Gris, el poder detrás del poder. Sus preferencias ideológicas no han estado ocultas sino que han estado a la vista desde hace años. Una pequeña búsqueda en Google con las palabras “Bannon islam” trae una hilera larga de artículos recientes y antiguos en los que se referencia, entre otras cosas, su película, pero el más preciso de todos es este titular de Independent: “Steve Bannon allegedly said he 'believes the West is at war with Islam'”.

Tal cual: ese es el propósito a largo plazo del gobierno de Donald Trump: la guerra entre Occidente y el Islam. Y, para hacerla, su mejor aliado es Vladimir Putin, porque él no se detiene a pensar en las minucias del bienestar social o el altruismo. Putin es un líder frío y calculador que está dispuesto a correr los riesgos que considere necesarios para lograr sus objetivos. En este momento me viene a la memoria el terrorífico asalto al Teatro Dubrovka en Moscú y el aún más terrorífico asalto para recuperarlo en el que las fuerzas especiales rusas no lo pensaron dos veces para usar un gas que, ciertamente eliminó la amenaza, los 40 atacantes chechenos que habían sobrevivido, pero también mató a 125 de los rehenes.

Ese es el tipo de aliado que Trump quiere y no el que hoy aún gobierna en Europa y que en Estados Unidos tuvo a su último y más claro representante en Barack Obama: el multilateralismo. Para el magnate de Nueva York, busines is business. Para Putin el poder es el poder.

Lo más peligroso de todo es que los islamistas radicales –quienes tienen una agenda geopolítica equivalente- van a jugar un papel fundamental en este juego de estrategias, porque a ellos, más que a nosotros, les conviene una confrontación directa con Occidente. Ese es el alimento para su máquina de guerra. Lamentablemente, uno no puedo sino suponer, como suelen decir los funcionarios de la CIA y del FBI, que el tema no es si van a atacar, sino cuándo. De hecho, aquí hay una declaración en la cadena Fox News del mismo ex general Flynn en la que dice exactamente eso: “Not if but when” y admite estar asustado por ese enemigo. Ciertamente un ataque terrorista en EE.UU. aceleraría ese proceso de manera impresionante.  

A esto hay que agregarle que ideológicamente Bannon, Flynn y Putin, además de una buena parte del Partido Republicano, son hermanos en otros asuntos como su fe religiosa, su moralismo y el desprecio por la diversidad. De ahí que los supremacistas blancos hayan recibido el impulso que les dio la campaña de Trump.

No sabemos si la alianza Putin-Trump se va a lograr. Al fin de cuentas, en la memoria de muchos políticos republicanos y demócratas aún permanece vivo el recuerdo de la URSS y la Guerra Fría, y esos son un odio y un miedo que aún viven en muchos de ellos. Pero para las generaciones posteriores es una mera referencia en los libros de historia y las películas de espionaje. Además, para muchos políticos lo que importa es el pragmatismo. He ahí que Mike Pence, Paul Ryan y Mitch McConnell no han intentado frenar los planes del nuevo gobierno.

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Tuesday, January 31, 2017

La guerra contra los medios: II- Pequeño manual para entender a Trump

Donald Trump, el hombre más mediático que ha llegado a la política, emprendió desde el primer día de campaña una guerra contra los medios de comunicación y esta solo ha arreciado desde el momento que se hizo presidente. Sin embargo, su propósito no es destruirlos –ya que son su mejor herramienta de propaganda- sino neutralizar el poder de indagación que tiene la prensa y manipularla para su beneficio.

Trump no es el primer líder populista en utilizar esa estratagema, pero sí ha sido el más efectivo y el que mejor conoce la manera de hacer que todos los medios, los que están a su favor pero, en especial, los que están en contra, trabajen para él.

Un ejemplo cercano de esa estrategia que conocemos los latinoamericanos es Venezuela, que ha aprendido muy bien de la escuela de control social y la sociedad policial que durante décadas ha desarrollado el régimen comunista de Cuba y que Hugo Chávez supo muy bien aprovechar. Hoy, casi dos décadas después de su llegada al poder, la gran mayoría de los periódicos, canales y recursos de información están en manos del Estado o de aliados del chavismo. Los medios que aún se atreven a oponerse al régimen tienen media mordaza en la boca (la vigilancia permanente del Estado, que controla el lenguaje y el tipo de información que se puede publicar) y una mano atada a la espalda por la falta de recursos (los dólares los maneja el Gobierno).

De modo que Venezuela es un ejemplo parcial de lo que podría llegar a pasar con los medios de comunicación en EE.UU. Sin embargo, sirve como advertencia y acicate para evitar algo similar aquí.

En la guerra por “la verdad y los hechos”, la iniciativa está en el campo de Donald Trump. La mayoría de los medios están trabajando en modo reactivo, puyes apenas si alcanzan a reaccionar a los permanentes acontecimientos mediáticos generados por Trump y los constantes ataques que él y sus mensajeros lanzan. Cuando las juntas editoriales y los columnistas responden a un tuit del presidente, ya es tarde. Cada una de las escaramuzas que hemos visto ha sido ganada por él.

El problema radica en que no hemos asimilado el objetivo del Presidente, cuál es su propósito en esta pelea contra el The New York Times, el Washington Post, CNN, MSNBC, el Huffington Post, las estrellas de Hollywood, en fin, the liberal media.

Donald Trump no quiere destruir a esos medios. Los necesita. Al fin de cuentas son su caja de resonancia, son los multiplicadores de sus palabras y de sus ideas, los propagadores del miedo y la desazón en los que naufraga la mitad del país y el resto del mundo. Si los medios decidieran un día boicotearlo y dejar de repetir su mensaje, si en un acto de heroísmo colectivo todos decidieran ignorarlo (algo casi imposible, lo sé), a partir de ese momento el agua comenzaría a retornar al molino. Como eso no va a suceder, hay que tratar de comprender su objetivo y actuar en consecuencia, con ese conocimiento en mente.

Cada vez que Donald Trump y sus voceros lanzan un ataque contra un periódico, contra un periodista en particular, contra un canal, lo hace de una forma deliberada que él conoce muy bien y le produce dividendos inmediatos, precisamente a través de la reacción que obtiene de los medios.

Veamos* en detalle qué logra Trump con cada una de esas peleas:

--Mantiene la iniciativa
--Neutraliza a los medios y los mantiene en modo reactivo
--Distrae del tema en cuestión y pone el foco en el mensajero
--Convierte al medio en ‘el enemigo’
--Consigue la multiplicación viral de su mensaje (y del insulto)
--Incrementa el nivel de miedo/desprecio en la oposición (su alimento)
--Reina la confusión y la impotencia en los opositores (se enojan)
--Agita a sus seguidores, que ahora lo adoran más (su sustento)
--Dejan de escuchar/leer/creerle al medio: solo escuchan al jefe
--Como no cambia ni corrige ni se disculpa, luce todavía más poderoso
--Los que se sienten ofendidos e indignados lucen débiles y blandos
--Desgasta la credibilidad del medio: se hace inmune a las críticas
--Trump luce ganador; el oponente luce perdedor

*Nota: Esta es una lista parcial de beneficios, apenas lo que alcanzo a compilar por ahora. Habrá más a medida que pase el tiempo. Además, es apenas una enumeración sin explicación. Hay mucho para decir de cada punto. Quizás sea trabajo para el futuro de este Pequeño Manual.

Como todas las buenas guerras, esta es una que los protagonistas no quieren que acabe. Mientras más dure, más les favorece. En este caso, Trump es el equivalente al industrial dueño de las fábricas de armamento que se beneficia de que la guerra continúe, pues es lo que le permite seguir produciendo y ganando. Él no busca aplacar a los medios y vencerlos ni romperles la columna vertebral. Si la guerra terminara, acabaría su existencia. De modo que él mismo se encargará de mantener este ritmo de combate y querella.

Por otra parte, irónicamente a los medios les ha resultado muy conveniente mantener esta pelea cazada y sostenerla con intensidad. El beneficio es mutuo: Trump se ha convertido en la mejor fuente de sustento de los canales y los periódicos, el generador de ratings y audiencias. En el fondo, los inversionistas deben estar agradecidos por lo que ocurre, pues aunque Trump les resta influencia, a la larga les incrementa la relevancia. Claro, siempre y cuando no se sature al público.

Esta contraparte del fenómeno debe ser evaluada con más atención, pues en ello se juega el valor moral y ético y el papel del periodismo. Los efectos pueden tener grandes consecuencias a futuro en cuanto al rol que juegan los medios en la sociedad. Eso, sin embargo será materia futura para El Opinón.


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Monday, January 30, 2017

I- Pequeño manual para entender a Trump

"Trust Me", caricatura del Autor
Creo que al fin estoy comenzando a entender –un poco- lo que está ocurriendo en el mundo bajo el dominio de Donald Trump. Me ha costado un gran esfuerzo. Mi instinto político ha necesitado de estas semanas para atravesar las diversas capas de ansiedad, miedo, incertidumbre y bronca que me produjo el triunfo de los republicanos liderados por el magnate de Nueva York. Digamos que se ha abierto una rendija de claridad en medio del caos y la oscuridad y quiero compartir lo que he aprendido.

Para no extenderme demasiado en esta entrega, procuraré enfocarme un uno de los aspectos que distingo. En otras entregas posteriores espero dilucidar otros elementos.

La primera recomendación para mis amigos periodistas, liberales, progresistas, demócratas y rebeldes en general: No subestimen al líder ni a sus seguidores. El hecho de que no entendamos su lenguaje, que nos parezca ramplón y chabacán, que nos parezca errático y desorientado, todo eso es mera apariencia, una vieja herramienta utilizada por los líderes populistas. Los únicos perjudicados al sostener esas opiniones son los oponentes de Trump. Él se regodea en ello, disfruta y aprovecha la desesperación de quienes tratan de frenarlo con sus críticas.

Es cierto que Trump manipula la opinión de sus seguidores, pero es magistral la forma como consigue que sus oponentes y críticos hagan la mayor parte de ese trabajo por él. Los ataques que la izquierda, los demócratas, los intelectuales, los activistas, los medios e incluso unos pocos republicanos indignados lanzan en su contra –muchos de ellos llenos de insultos e improperios, otros descalificando sus capacidades intelectuales e incluso diagnosticando supuestos males mentales-, no debilitan a Trump ni a sus seguidores sino que lo fortalecen. ¿Cómo?

Su táctica suele tener dos partes con las cuales logra convertir los ataques de sus oponentes en instrumentos a su favor:
  1. La queja: cuando Trump se queja de lo mal que lo tratan invierte la ecuación y se pone él en la condición de víctima (a pesar de poseer todos los instrumentos del poder), provocando de inmediato, a) la solidaridad y la identificación de sus seguidores que se sienten igualmente víctimas, y, b) convirtiendo al crítico en un injusto agresor.
  2. El ataque al mensajero: cuando Trump se burla de sus críticos y los ataca (generalmente en el mismo mensaje o quizás en uno que publica casi de inmediato) suele poner al crítico a la defensiva y de paso distrae del asunto en cuestión, de aquello por lo que estaba siendo criticado: no responde a la pregunta ni cambia de opinión. Además suele darles a sus seguidores una razón para sonreír, pues el lenguaje que usa, a veces casi infantil, es divertido para ellos.


Para ilustrar esto podría usar cualquiera de los tuits que el presidente manda, pero solo voy a citar uno de los incidentes más recientes…

Los senadores John McCain y Lindsey Graham son dos de los escasos legisladores republicanos que han criticado la orden de prohibir el ingreso de refugiados y los visitantes de siete países de mayoría musulmana. En un comunicado conjunto, los senadores dicen que temen que la orden ejecutiva sea percibida en el mundo como un rechazo a los musulmanes y con ello se convierta en una herida auto infligida en la lucha contra el terrorismo.

La respuesta de Trump no se hizo esperar: “La declaración conjunta de los excandidatos presidenciales John McCain & Lindsey Graham está mal –son tristemente débiles en inmigración. […] los dos senadores deberían enfocar sus energías en ISIS, la inmigración ilegal y la seguridad de la frontera en vez de siempre buscar comenzar la Tercera Guerra Mundial”.

En su respuesta, con pocas palabras Trump logra varios objetivos: les recuerda que ambos perdieron sus candidaturas presidenciales; les dice que están equivocados por ser débiles en inmigración; los acusa de ser ellos los que buscan comenzar una guerra. No intenta jamás explicar o responder a la crítica, simplemente se deshace del crítico resaltando lo que él y sus seguidores ven como debilidades. A ello se agrega que quienes detestan a Trump utilizan su respuesta y la replican en artículos (como este), mensajes por las redes sociales y más, para resaltar sus supuestas incongruencias o fallas: no se dan cuenta de que con ello se convierten en propagadores del mensaje denigrante de Trump hacia los senadores, en multiplicadores del insulto. El verdadero problema –la crisis humanitaria que la orden ejecutiva está comenzando a provocar- queda relegada a un plano de inexistencia en la discusión.

En este contexto, el trabajo del medio de comunicación debe ser ‘dar la noticia’, por supuesto, y el de los críticos y analistas debe ser ‘analizar y criticar’, claro, y el de los activistas debe ser ‘la acción’. Sin embargo, debemos ser más ingeniosos de lo que hemos sido hasta ahora para ser más efectivos. De eso comenzaremos a hablar en la próxima entrega de El Opinón.


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Tuesday, January 3, 2017

A orillas del río Fobos

Hace meses que vivo a orillas del río Fobos. Por su corriente baja el miedo, convertido en una sustancia espesa, pegajosa, pesada que avanza inexorable como un río de lava que hipnotiza con sus lentos estertores y sus fétidos aromas.

"No hay humanos ilegales", foto del autor
Corriente arriba escucho el ruido de las ruinas que bajan amenazantes, el quebrar de troncos que, como esqueletos milenarios, se rompen ante el peso insalvable del terror que se acerca y arrastra en una corriente revuelta los restos de la civilización.

Como si fuera un manglar, estoy atrapado a la orilla de este río, incapaz de escapar. Mis pies, como raíces, están atascados en el fango de la historia: no puedo dar un paso hacia adelante para incorporarme al pánico, ni dos pasos atrás para escapar. Parece que estoy condenado a que me arrastre esta fuerza incontenible.

Por mi mente cruzan mil preguntas y las repuestas no hacen sino incrementar la angustia. Quiero saber si podríamos haber hecho algo para eludir este destino de pavor o si esto era algo que estaba escrito en las leyes de la insondable naturaleza humana. Escucho una voz que me dice: “Lo hecho, hecho está”. Otros son los que ríen.

Desde el norte llega una voz que habla con frases incompletas e inconexas. Quiero descubrir una señal que alivie la ansiedad, pero no la oigo. Un ejército de políticos avezados, de abogados estudiados y de magnates agigantados avanza sin pausa para tomarse todas las instancias del poder y desandar lo andado.

Al sur, haciendo eco en la pared que se yergue inmensa, escucho un clamor remoto de almas que luchan y se resisten. Su voz me alcanza como un viento refrescante. Muevo un pie, después el otro. Con esfuerzo consigo desprenderme de este fango pegajoso y me alejo de la orilla.

Desde la distancia puedo ver el desastre que el miedo causa. Es hora de moverse.


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Friday, December 16, 2016

Los Aguinaldos de Santos

Para los colombianos –en general-, nada hay más santo que una audiencia de mediación con el Papa. La fecha tampoco es casual: 16 de diciembre. "Mis aguinaldos", dijo el presidente Juan Manuel Santos y con este gesto dio comienzo a la Novena.

El papa Francisco recibe a Juan Manuel Santos y Alvaro Uribe,
Foto: AFP
La “visual”, como le dicen ahora, es decir, la foto, tiene muchos símbolos: desde el punto de vista del Papa, a la diestra está sentado Santos y a su siniestra Uribe. Desde el punto de vista de Santos, a su derecha está Uribe. Y viceversa: Santos está a la izquierda de todo, creen los uribistas.

El intento de mediación es genuinamente vaticano. El Papa tiene primero audiencias separadas y después los reúne. ¿Qué consigue? “Decoro y reverencia”, nada más, dice Ginna Morelo en El Tiempo.

Por supuesto que Álvaro Uribe acudiría a la cita. No podía faltar. No quiere parecer el Grinch. Tampoco quiere que se vea “la silla vacía”. Sin embargo, desde sus primeras declaraciones da la impresión de que el resultado es nulo: acude a la audiencia pero no cambia de parecer. Como Santos, se cree portador de una verdad tan válida como la suya.

Los de Uribe pueden intentar desprestigiar el premio Nobel de Paz y hacer el oso, pero no creo que se atrevan a hacer lo mismo con el Papa.

¿Qué habrá esta Navidad en el pesebre de los colombianos? Aproveche la Novena para rezarle al Niño Dios y pedirle que algo cambie.


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Tuesday, December 6, 2016

El sueño de la verdad

Hoy se ganan y se pierden elecciones con memes, noticias falsas, eslóganes manipulados y tendenciosos. Hoy se destruyen reputaciones con rumores malintencionados pero bien colocados, con mensajes que fracturan la credibilidad de las personas, las organizaciones y las instituciones. Los ciudadanos tenemos hoy todas las herramientas necesarias para informarnos, pero eso no ha garantizado que tomemos buenas decisiones, como demuestran las varias elecciones de este año.

"La verdad es un sueño", foto de José Salas
con intervención del autor
Este no es un invento de hoy sino un largo proceso en el que todos hemos participado, simplemente que ahora se hace más visible. El pensamiento posmoderno, tan amigo del relativismo a ultranza y tan desconfiado de los valores absolutos, nos ayudó a desmontar las creencias que habían dominado la primera mitad del Siglo XX y alcanzaron a llegar con cierta intensidad hasta rozar los años 80, pero ya heridas de muerte. Entrados en los 90, la muerte de las ideologías era pan comido.

La idea era alcanzar una forma de pensamiento sin tacha, sin influencia, sin cortapisa, independiente. A nuestro paso derribamos una por una todas las instituciones y desarmamos todos los armarios del idealismo. Alcanzamos una meta difusa en la que no existían estructuras de pensamiento claras sino un gris panorama de confusión de valores: lo mismo vale un discurso feminista que uno neofascista; a una iglesia milenaria le adjudicamos el mismo peso específico que a una recién fundada.

Entretanto, mientras desarmábamos el pensamiento, la tecnología siguió su curso y puso al alcance de nuestros dedos las máquinas más poderosas de comunicación posibles: los celulares, esos pequeños estudios de televisión, audio y prensa; también nos otorgó extraordinarios canales de distribución a través de las redes sociales e Internet. Así hemos adquirido el poder de construir o destruir un mundo o dos con un gesto de las manos.

Lo que no nos puede dar la tecnología es conciencia ni sentido común. Por eso, entre otras razones, llegamos a esta era de pos-verdades, medias verdades y mentiras totales capaces de quitar y poner presidentes, encender y apagar hogueras y ahogarnos a todos en un río de información imposible de curar.

Es en este mundo donde los medios de comunicación tienen un deber inmenso: el de recobrar el valor de la verdad –o algo lo más parecido posible a ella. La tarea no va a ser nada fácil, pues hoy padecen de un desprestigio a medias merecido. Además, ya no son dueños de todos los canales de comunicación. Hoy su misma audiencia es la competencia.

El verdadero valor que los medios pueden agregar es del escrutinio de la información, su validación. Es el papel del curador en una galería. En un ambiente en el que cualquier persona u organización es emisor del mensaje y el receptor tiene el poder de elegir lo que lee, escucha, ve y, en últimas, lo que cree, ahí es donde el medio debería prestar su mejor servicio cotejando los datos y las fuentes para determinar la validez de la información.

Aquí solo planteo que es un momento de gran oportunidad. Sería fantástico* que más medios lograran su independencia y que se revalorizara el trabajo del periodista, del editor, del obrero de la palabra y la imagen. Y, sería fabuloso* que la audiencia se dejara seducir por el deseo de saber algo más próximo a la verdad en lugar de escuchar únicamente al que le sabe susurrar lo que quiere oír.

* Fantástico/fabuloso: por eso digo que es un sueño la verdad.


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