Monday, January 30, 2017

I- Pequeño manual para entender a Trump

"Trust Me", caricatura del Autor
Creo que al fin estoy comenzando a entender –un poco- lo que está ocurriendo en el mundo bajo el dominio de Donald Trump. Me ha costado un gran esfuerzo. Mi instinto político ha necesitado de estas semanas para atravesar las diversas capas de ansiedad, miedo, incertidumbre y bronca que me produjo el triunfo de los republicanos liderados por el magnate de Nueva York. Digamos que se ha abierto una rendija de claridad en medio del caos y la oscuridad y quiero compartir lo que he aprendido.

Para no extenderme demasiado en esta entrega, procuraré enfocarme un uno de los aspectos que distingo. En otras entregas posteriores espero dilucidar otros elementos.

La primera recomendación para mis amigos periodistas, liberales, progresistas, demócratas y rebeldes en general: No subestimen al líder ni a sus seguidores. El hecho de que no entendamos su lenguaje, que nos parezca ramplón y chabacán, que nos parezca errático y desorientado, todo eso es mera apariencia, una vieja herramienta utilizada por los líderes populistas. Los únicos perjudicados al sostener esas opiniones son los oponentes de Trump. Él se regodea en ello, disfruta y aprovecha la desesperación de quienes tratan de frenarlo con sus críticas.

Es cierto que Trump manipula la opinión de sus seguidores, pero es magistral la forma como consigue que sus oponentes y críticos hagan la mayor parte de ese trabajo por él. Los ataques que la izquierda, los demócratas, los intelectuales, los activistas, los medios e incluso unos pocos republicanos indignados lanzan en su contra –muchos de ellos llenos de insultos e improperios, otros descalificando sus capacidades intelectuales e incluso diagnosticando supuestos males mentales-, no debilitan a Trump ni a sus seguidores sino que lo fortalecen. ¿Cómo?

Su táctica suele tener dos partes con las cuales logra convertir los ataques de sus oponentes en instrumentos a su favor:
  1. La queja: cuando Trump se queja de lo mal que lo tratan invierte la ecuación y se pone él en la condición de víctima (a pesar de poseer todos los instrumentos del poder), provocando de inmediato, a) la solidaridad y la identificación de sus seguidores que se sienten igualmente víctimas, y, b) convirtiendo al crítico en un injusto agresor.
  2. El ataque al mensajero: cuando Trump se burla de sus críticos y los ataca (generalmente en el mismo mensaje o quizás en uno que publica casi de inmediato) suele poner al crítico a la defensiva y de paso distrae del asunto en cuestión, de aquello por lo que estaba siendo criticado: no responde a la pregunta ni cambia de opinión. Además suele darles a sus seguidores una razón para sonreír, pues el lenguaje que usa, a veces casi infantil, es divertido para ellos.


Para ilustrar esto podría usar cualquiera de los tuits que el presidente manda, pero solo voy a citar uno de los incidentes más recientes…

Los senadores John McCain y Lindsey Graham son dos de los escasos legisladores republicanos que han criticado la orden de prohibir el ingreso de refugiados y los visitantes de siete países de mayoría musulmana. En un comunicado conjunto, los senadores dicen que temen que la orden ejecutiva sea percibida en el mundo como un rechazo a los musulmanes y con ello se convierta en una herida auto infligida en la lucha contra el terrorismo.

La respuesta de Trump no se hizo esperar: “La declaración conjunta de los excandidatos presidenciales John McCain & Lindsey Graham está mal –son tristemente débiles en inmigración. […] los dos senadores deberían enfocar sus energías en ISIS, la inmigración ilegal y la seguridad de la frontera en vez de siempre buscar comenzar la Tercera Guerra Mundial”.

En su respuesta, con pocas palabras Trump logra varios objetivos: les recuerda que ambos perdieron sus candidaturas presidenciales; les dice que están equivocados por ser débiles en inmigración; los acusa de ser ellos los que buscan comenzar una guerra. No intenta jamás explicar o responder a la crítica, simplemente se deshace del crítico resaltando lo que él y sus seguidores ven como debilidades. A ello se agrega que quienes detestan a Trump utilizan su respuesta y la replican en artículos (como este), mensajes por las redes sociales y más, para resaltar sus supuestas incongruencias o fallas: no se dan cuenta de que con ello se convierten en propagadores del mensaje denigrante de Trump hacia los senadores, en multiplicadores del insulto. El verdadero problema –la crisis humanitaria que la orden ejecutiva está comenzando a provocar- queda relegada a un plano de inexistencia en la discusión.

En este contexto, el trabajo del medio de comunicación debe ser ‘dar la noticia’, por supuesto, y el de los críticos y analistas debe ser ‘analizar y criticar’, claro, y el de los activistas debe ser ‘la acción’. Sin embargo, debemos ser más ingeniosos de lo que hemos sido hasta ahora para ser más efectivos. De eso comenzaremos a hablar en la próxima entrega de El Opinón.


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Tuesday, January 3, 2017

A orillas del río Fobos

Hace meses que vivo a orillas del río Fobos. Por su corriente baja el miedo, convertido en una sustancia espesa, pegajosa, pesada que avanza inexorable como un río de lava que hipnotiza con sus lentos estertores y sus fétidos aromas.

"No hay humanos ilegales", foto del autor
Corriente arriba escucho el ruido de las ruinas que bajan amenazantes, el quebrar de troncos que, como esqueletos milenarios, se rompen ante el peso insalvable del terror que se acerca y arrastra en una corriente revuelta los restos de la civilización.

Como si fuera un manglar, estoy atrapado a la orilla de este río, incapaz de escapar. Mis pies, como raíces, están atascados en el fango de la historia: no puedo dar un paso hacia adelante para incorporarme al pánico, ni dos pasos atrás para escapar. Parece que estoy condenado a que me arrastre esta fuerza incontenible.

Por mi mente cruzan mil preguntas y las repuestas no hacen sino incrementar la angustia. Quiero saber si podríamos haber hecho algo para eludir este destino de pavor o si esto era algo que estaba escrito en las leyes de la insondable naturaleza humana. Escucho una voz que me dice: “Lo hecho, hecho está”. Otros son los que ríen.

Desde el norte llega una voz que habla con frases incompletas e inconexas. Quiero descubrir una señal que alivie la ansiedad, pero no la oigo. Un ejército de políticos avezados, de abogados estudiados y de magnates agigantados avanza sin pausa para tomarse todas las instancias del poder y desandar lo andado.

Al sur, haciendo eco en la pared que se yergue inmensa, escucho un clamor remoto de almas que luchan y se resisten. Su voz me alcanza como un viento refrescante. Muevo un pie, después el otro. Con esfuerzo consigo desprenderme de este fango pegajoso y me alejo de la orilla.

Desde la distancia puedo ver el desastre que el miedo causa. Es hora de moverse.


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Friday, December 16, 2016

Los Aguinaldos de Santos

Para los colombianos –en general-, nada hay más santo que una audiencia de mediación con el Papa. La fecha tampoco es casual: 16 de diciembre. "Mis aguinaldos", dijo el presidente Juan Manuel Santos y con este gesto dio comienzo a la Novena.

El papa Francisco recibe a Juan Manuel Santos y Alvaro Uribe,
Foto: AFP
La “visual”, como le dicen ahora, es decir, la foto, tiene muchos símbolos: desde el punto de vista del Papa, a la diestra está sentado Santos y a su siniestra Uribe. Desde el punto de vista de Santos, a su derecha está Uribe. Y viceversa: Santos está a la izquierda de todo, creen los uribistas.

El intento de mediación es genuinamente vaticano. El Papa tiene primero audiencias separadas y después los reúne. ¿Qué consigue? “Decoro y reverencia”, nada más, dice Ginna Morelo en El Tiempo.

Por supuesto que Álvaro Uribe acudiría a la cita. No podía faltar. No quiere parecer el Grinch. Tampoco quiere que se vea “la silla vacía”. Sin embargo, desde sus primeras declaraciones da la impresión de que el resultado es nulo: acude a la audiencia pero no cambia de parecer. Como Santos, se cree portador de una verdad tan válida como la suya.

Los de Uribe pueden intentar desprestigiar el premio Nobel de Paz y hacer el oso, pero no creo que se atrevan a hacer lo mismo con el Papa.

¿Qué habrá esta Navidad en el pesebre de los colombianos? Aproveche la Novena para rezarle al Niño Dios y pedirle que algo cambie.


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Tuesday, December 6, 2016

El sueño de la verdad

Hoy se ganan y se pierden elecciones con memes, noticias falsas, eslóganes manipulados y tendenciosos. Hoy se destruyen reputaciones con rumores malintencionados pero bien colocados, con mensajes que fracturan la credibilidad de las personas, las organizaciones y las instituciones. Los ciudadanos tenemos hoy todas las herramientas necesarias para informarnos, pero eso no ha garantizado que tomemos buenas decisiones, como demuestran las varias elecciones de este año.

"La verdad es un sueño", foto de José Salas
con intervención del autor
Este no es un invento de hoy sino un largo proceso en el que todos hemos participado, simplemente que ahora se hace más visible. El pensamiento posmoderno, tan amigo del relativismo a ultranza y tan desconfiado de los valores absolutos, nos ayudó a desmontar las creencias que habían dominado la primera mitad del Siglo XX y alcanzaron a llegar con cierta intensidad hasta rozar los años 80, pero ya heridas de muerte. Entrados en los 90, la muerte de las ideologías era pan comido.

La idea era alcanzar una forma de pensamiento sin tacha, sin influencia, sin cortapisa, independiente. A nuestro paso derribamos una por una todas las instituciones y desarmamos todos los armarios del idealismo. Alcanzamos una meta difusa en la que no existían estructuras de pensamiento claras sino un gris panorama de confusión de valores: lo mismo vale un discurso feminista que uno neofascista; a una iglesia milenaria le adjudicamos el mismo peso específico que a una recién fundada.

Entretanto, mientras desarmábamos el pensamiento, la tecnología siguió su curso y puso al alcance de nuestros dedos las máquinas más poderosas de comunicación posibles: los celulares, esos pequeños estudios de televisión, audio y prensa; también nos otorgó extraordinarios canales de distribución a través de las redes sociales e Internet. Así hemos adquirido el poder de construir o destruir un mundo o dos con un gesto de las manos.

Lo que no nos puede dar la tecnología es conciencia ni sentido común. Por eso, entre otras razones, llegamos a esta era de pos-verdades, medias verdades y mentiras totales capaces de quitar y poner presidentes, encender y apagar hogueras y ahogarnos a todos en un río de información imposible de curar.

Es en este mundo donde los medios de comunicación tienen un deber inmenso: el de recobrar el valor de la verdad –o algo lo más parecido posible a ella. La tarea no va a ser nada fácil, pues hoy padecen de un desprestigio a medias merecido. Además, ya no son dueños de todos los canales de comunicación. Hoy su misma audiencia es la competencia.

El verdadero valor que los medios pueden agregar es del escrutinio de la información, su validación. Es el papel del curador en una galería. En un ambiente en el que cualquier persona u organización es emisor del mensaje y el receptor tiene el poder de elegir lo que lee, escucha, ve y, en últimas, lo que cree, ahí es donde el medio debería prestar su mejor servicio cotejando los datos y las fuentes para determinar la validez de la información.

Aquí solo planteo que es un momento de gran oportunidad. Sería fantástico* que más medios lograran su independencia y que se revalorizara el trabajo del periodista, del editor, del obrero de la palabra y la imagen. Y, sería fabuloso* que la audiencia se dejara seducir por el deseo de saber algo más próximo a la verdad en lugar de escuchar únicamente al que le sabe susurrar lo que quiere oír.

* Fantástico/fabuloso: por eso digo que es un sueño la verdad.


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Wednesday, November 23, 2016

Historias ocultas en el Amazonas: Entrevista al profesor Jorge Pulecio

En los días de la Feria del Libro de Miami, cuando iba rumbo a mi trabajo, escuché por radio Caracol 1260 una entrevista a un autor colombiano que estaba, como muchos otros escritores, aprovechando la feria para promocionar su libro. En los pocos minutos que le concedieron alcancé a entender que se trataba de una historia de la que quería saber más.

El invitado, un profesor de economía de la Universidad Nacional, hablaba sobre un territorio le ha dado identidad e importancia universal a América del Sur pero que casi todos desconocemos: el Amazonas. Ahí estaba, este hombre de voz calmada y lenguaje académico hablando de poesía, de amor, de la pasión por la selva y de la guerra. Apreté el acelerador para llegar más temprano y alcanzar a tomar sus datos antes de que saliera de la emisora.

Después de varios intentos para coordinar, gracias a la ayuda de otro caqueteño, Carlos Beltrán, de El Sol Latino Newspaper, conseguimos realizar una entrevista en la que tuvimos ocasión de comenzar un diálogo que, estoy seguro, continuará en otras jornadas, algunas diurnas como esta, y otras en la noche, tal vez con un vino de por medio.


Es que este profesor de economía, que suele ocupar cátedras y cargos y dar lectures sobre los más abstractos temas, en su libro “Amor y guerra en el Amazonas” (Editorial Planeta) muestra un rostro de gran humanidad y sensibilidad profunda.



Como escritor, siempre me he sorprendido al encontrar personas que pueden hablar diversos lenguajes literarios. El profesor Pulecio es uno de ellos. Escucharlo hablar de la historia del Amazonas, de las Cinco guerras que han vivido esas selvas, de los tiempos de la colonización en los años sesenta y setenta, de los conflictos agrarios y las luchas por construir una identidad cultural aún entre las permanentes escaramuzas de enemigos que pertenecen a la misma tierra y tienen las mismas urgencias, de eso y mucho más, pero en un lenguaje más humano, menos abstracto que el del economista, es formidable.

En el conflicto armado colombiano, la selva ha sido el refugio de los rebeldes y también ha recibido el influjo de los que huyen. Hasta allí han debido desplazarse miles de soldados de otras regiones que han patrullado esas trochas y ríos frente al temor de la emboscada; allí han vivido durante años centenares de guerrilleros que han hecho de la selva su hogar; hasta allí han llegado misioneros de remotos países o de ignotas regiones de la misma Colombia; entre la maleza han brotado y prosperado laboratorios en los que se procesan coca y amapola y que han hecho fortunas criminales; allí han sido derribados gigantes de madera que han dado de comer unos días y después han dejado un desierto por herencia. Y, en medio de todo esto, la selva herida sigue prodigando sus bendiciones y sus habitantes originales siguen viendo la llegada de extraños que traen sus guerras y se llevan sus recursos.

Pero esa selva que ha servido para ocultar rebeldes y cazadores de fortuna, también ha servido para mantener la guerra lejos de las ciudades, lejos de la gran población que, por eso mismo, ha vivido el conflicto por televisión y no en carne propia. Por eso es tan importante un testimonio como el del profesor Jorge Pulecio, que trae a punta de cuento y canto un caleidoscopio de historias fracturadas, de vidas extraviadas, de amores y guerras refundidos allá entre la manigua de nuestra inmensa Amazonia.

Les invito a ver la entrevista que realizamos en la ya proverbial Plaza Colombia en el Westwind Lakes Park de Kendall y a que después, con interés, compren el libro para entender aún mejor acerca de las mil maravillas que aún se esconden entre el matorral pero que en los años por venir comenzaremos a encontrar profusamente en las voces de los testigos que hasta ahora no han tenido una voz pero pronto nos contarán lo que allí se encontraron.


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Monday, November 14, 2016

De la protesta al activismo

Creo que muy pocos de mis amigos que votaron por Donald Trump son racistas, sexistas, xenófobos o antigay. Así como creo que pocos de los que votaron por el No en el Plebiscito quisieran regresar a la guerra. Entonces, ¿por qué son más los malos entendidos que lo bueno por comprender?

Se ha abierto un gran abismo en nuestras comunidades, incluso entre familiares, viejos amigos, gente que se quería mucho y hoy no se tolera. En parte es culpa de nosotros mismos, pero es, ante todo, algo que nos llovió desde las élites y nos infectó a todos. Para simplificarlo aún más: es culpa de los diseñadores de campañas.

La política electoral está llena de mentiras, medias verdades y algunas (muy pocas) realidades. Es un asunto de branding, de marca, de presentación. Poco tiene que ver el contenido y mucho el mercadeo de eslóganes y la manipulación de emociones. Los vendedores de candidatos saben estimular los deseos, los miedos y las emociones de su mercado, el electorado. Y, para infortunio de muchos, la derecha ha sido más efectiva a la hora de sobre-simplificar los contenidos para vender sus candidatos a más personas y ganar las más recientes elecciones: Brexit, Plebiscito, Trump, entre otras.

No voy a transferir a sus votantes todo lo que dijo Donald Trump. Es más: no creo que él mismo se creyera todo lo que dijo, ni que dijera todo lo que creía. Como escribí al comienzo, algunos de mis amigos y conocidos tendrán algo de racismo o de desprecio por “los ilegales” en sus corazones y quizás eso les haya motivado a votar por Trump. Pero la mayoría, quiero creer, tenían otras ideas en la cabeza y ese hombre las representaba mejor.

Me da tristeza ver, eso sí, que la forma como se condujo esta campaña envalentonó a los supremacistas blancos, a los verdaderos racistas, a los que desprecian al inmigrante, a los que se creen que esta nación les pertenece “a ellos”. Las primeras acciones de Donald Trump –como la selección de algunos miembros de su gabinete y la entrevista que otorgó al programa 60 Minutos- no contribuyen a mejorar esa calificación. Sigue agitando ese avispero y las avispas, encantadas, están saliendo a hacer lo que saben hacer.

Por eso creo, como muchos otros, que la protesta y las manifestaciones sí tienen validez y cabida en este período. Se trata de hacer contrapeso al intento ya visible de la alt-right de transformar esta nación en una dirección inaceptable. Se trata de defender a los débiles, se trata de que las minorías no se dejen aplastar, se trata de insistir en el rechazo frontal a los antivalores que desde la nueva élite se quieren forzar. Se trata de defender derechos que se adquirieron con mucho esfuerzo y que un desacierto de una mayoría mal contada no puede destruir.

La protesta es un derecho y una libertad inalienable de la democracia y debe ser respetada. El derecho a la libre expresión no solo debe tolerarse, sino que además debe ser protegido como una de las expresiones más puras de la democracia.

En todo caso, además de la protesta debe haber aporte. No se puede sencillamente lanzar improperios o escribir sentencias memorables. Hay que hacer trabajo concreto: organizar, movilizar, servir, especialmente servir para transformar conciencias y cambiar vidas. Hay que sumarse con tiempo, trabajo y dinero a las causas que valen y que queremos que sobrevivan. Apoyar a los defensores de los derechos civiles, defensores de los inmigrantes, defensores de las mujeres y de sus derechos, de las minorías raciales y de género. Hay que dejar de ser meros votantes o, peor, indiferentes, y convertirnos en activistas, en actores de nuestro destino.

De manera que para el próximo ciclo electoral estemos preparados y hayamos sumado, no solo los que reciban nuestro apoyo y aporte, sino los desencantados de Trump, que serán muchos y debe haber espacio para que se sumen.

Espero que con este renovado espíritu de esfuerzo y trabajo que ha surgido en muchos, especialmente entre los jóvenes, consigamos contrarrestar las partes más viciadas del intento del alt-right de trastornar la democracia, y estemos preparados para revertir el curso de los acontecimientos en una dirección más apropiada en camino a los valores más favorables, como la tolerancia, la inclusión, el respeto a las diferencias, la convivencia y el servicio.

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Wednesday, November 9, 2016

Luchar más fuerte

Ganó la sombra. Está claro que era más grande y poderosa de lo que calculábamos. Quizás habíamos dejado de mirar o sencillamente no la veíamos. Pero allí estaba, agazapada, escondida en la oscuridad del corazón. Allá estuvo siempre aunque dejamos de reconocerla. Nos convencimos –tontos nosotros- de que estaba derrotada. Y, desde ese rincón cada vez más grande, saltó como bestia malherida y nos arrebató el sueño.

La sombra hoy tiene cara de magnate, palabras de bruto, mirada de odio. La sombra hoy tiene cara de vecino, palabras de ex amigo, mirada de supremacista blanco o latino. La sombra tiene olor a Napalm y un dedo en el más peligroso de los botones, tiene capuchas blancas y muchos AR-15 escondidos en los pantanos. La sombra es despiadada, le falta corazón, es ruda, gris, perversa y no respeta formalidades. La sombra está enojada, está confundida, cree que le hemos hecho daño y quiere castigarnos. Olvidó que llegó aquí en un barco de refugiados y se bajó en un puerto con la cara sucia y que trabajó los peores oficios. Ahora que nos mira desde su ventaja de los tiempos, la sombra está convencida de que sólo a ella le pertenece lo que hay en estas tierras. Quiere cerrarnos la puerta en la cara y, si pudiera, se desharía de nosotros. Probablemente hará el ademán y es posible que hasta comience a ejecutar la obra.

¿Qué hacer? Esa es la pregunta en boca de todos los que, con temor, vemos el ascenso del terror. ¿Qué hacer ante el peligro? ¿Acaso amainará sus mañas y se amilanará ante la dimensión del trabajo? Tal vez no. Quizás lo asuma como hasta ahora, como un juego perverso, como un programa de televisión que está transmitiéndose las 24 horas al día y donde lo que importa son las apariencias, no las realidades.

¿Qué hacer? Luchar, es mi respuesta. Luchar más y mejor. Ser más efectivos, ser más precisos, ser más atrevidos. Recobrar los espacios perdidos, avanzar donde haya posibilidades y resistir donde sea urgente. Habrá que sumarse a otras causas, multiplicar los propósitos, vencer más miedos. Habrá que hacerse millones donde éramos cientos. Habrá que despertar a quienes duermen, agitar a los perezosos, mover a los paralizados.

Habrá que ser más valientes, habrá que ser más duros, habrá que ser más fuertes. Habrá que aprender a reconocer nuestras debilidades y convertirlas en fortalezas, aprender a distinguir sus debilidades y concentrar en ellas nuestros esfuerzos. Habrá que cambiar el lenguaje, aprender nuevos oficios, diseñar nuevas estrategias, abrir nuevos caminos. Habrá que encontrar nuevas metas, nuevas tácticas, nuevos destinos.

Habrá mucho que aprender. Ha llegado la sombra a comandarnos y tendremos que aprender a resistir y a contrarrestar sus intentos por dominarnos. No podemos permitirlo. Que nos sirva de acicate para el crecimiento.
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